Análisis educativo

México ante la prueba PISA

El problema no es cuánto pueden aprender los estudiantes mexicanos, sino las condiciones en que intentan hacerlo.

El diagnóstico educativo de México reúne dos realidades que deben examinarse juntas: aprendizajes básicos insuficientes y estudiantes que expresan curiosidad, perseverancia y confianza en el apoyo de sus docentes. Este artículo analiza esa tensión a partir de los resultados y las condiciones de aprendizaje descritos en PISA. Examina las brechas de desempeño, la equidad, los recursos escolares, la digitalización y la cobertura de la evaluación, y plantea prioridades para que la inclusión educativa se traduzca en competencias científicas, matemáticas y lectoras sólidas.

Introducción

Este análisis surgió a raíz de la cobertura mediática sobre los bajos resultados de los estudiantes mexicanos en PISA 2025. La intención es examinar las cifras más allá de los titulares y situarlas en su contexto, a partir del informe internacional y de la nota sobre México publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE; 2026a, 2026b).

Hablar de calidad educativa exige mirar tanto el acceso a la escuela como los aprendizajes que se construyen dentro de ella. Incorporar a más jóvenes es un avance necesario, pero el desafío también consiste en que puedan comprender lo que leen, interpretar información y utilizar las matemáticas y las ciencias para afrontar problemas. La permanencia escolar y el desarrollo de esas capacidades deben formar parte de la misma conversación.

Los resultados de PISA suelen discutirse mediante promedios y posiciones internacionales. Sin embargo, la lectura del diagnóstico mexicano requiere considerar también qué proporción de estudiantes alcanza las competencias básicas, cómo se distribuyen las oportunidades y en qué condiciones enseñan los docentes. Asimismo, las comparaciones entre evaluaciones deben tomar en cuenta los cambios en la población que participa.

Trabajo en el aula

El análisis que sigue reúne esas dimensiones para explorar una pregunta central: ¿por qué la disposición para aprender y el apoyo docente percibido no se traducen en mejores resultados? Examinar conjuntamente el desempeño, las condiciones materiales y las experiencias de los estudiantes permite identificar prioridades más precisas que las que surgirían de observar únicamente un puntaje.

Diagnóstico general

México no está ante un desplome reciente generalizado, sino ante algo quizá más preocupante: un estancamiento prolongado en niveles bajos, acompañado de un deterioro sostenido en matemáticas y lectura. Una insignificante recuperación en ciencias no cambia el panorama estructural.

En otras palabras, México se mantuvo aproximadamente igual en ciencias y lectura, pero retrocedió en matemáticas. En la perspectiva 2015–2025, ciencias permaneció estable, mientras lectura cayó unos 15 puntos y matemáticas 22 puntos.

El problema principal está en las competencias básicas

Los promedios esconden la parte más grave:

Esto significa que siete de cada diez estudiantes evaluados no dominan siquiera las competencias matemáticas mínimas necesarias para resolver problemas cotidianos. Además, México prácticamente no está formando estudiantes en los niveles avanzados que alimentan posteriormente las carreras científicas, tecnológicas e ingenieriles.

Frente a América Latina, México se encuentra en una franja media-alta de los países participantes, especialmente en matemáticas y resolución computacional de problemas. Sin embargo, continúa detrás de Chile y Uruguay en las cuatro áreas, y también de Costa Rica en ciencias y lectura. Por lo tanto, México no ocupa el último lugar regional, pero tampoco es un referente latinoamericano.

La aparente equidad requiere una lectura cuidadosa

La diferencia en ciencias entre el 25% socioeconómicamente más favorecido y el 25% más desfavorecido es de 68 puntos, menos que los 85 puntos de la OCDE. El nivel socioeconómico explica aproximadamente el 12% de la variación del desempeño, prácticamente igual que en la OCDE.

Esto parece relativamente positivo, pero no implica necesariamente que México haya alcanzado una educación equitativa. También puede reflejar una distribución comprimida en los niveles bajos. Es decir, la distancia entre grupos es menor, en parte, porque incluso los estudiantes favorecidos tienen pocas probabilidades de alcanzar los niveles superiores. Una brecha pequeña no basta cuando casi todo el sistema permanece por debajo del estándar internacional.

Existe, además, una diferencia de género poco favorable:

La brecha mexicana en ciencias a favor de los hombres es una de las mayores entre los participantes, y la proporción de mujeres que no alcanza el nivel básico supera entre seis y diez puntos porcentuales a la de los hombres.

Los estudiantes sí muestran disposición para aprender

Este es uno de los hallazgos más interesantes. El problema mexicano no parece ser simplemente falta de interés:

Al mismo tiempo, solo 61% manifiesta una mentalidad de crecimiento, frente a 69% en la OCDE, y todavía son débiles algunas prácticas de autorregulación y planificación del estudio.

La lectura más razonable es que México dispone de estudiantes interesados y perseverantes, pero el sistema no está convirtiendo suficientemente esa disposición en aprendizaje verificable. Esto apunta más hacia problemas de recursos, enseñanza, organización y continuidad educativa que hacia una supuesta apatía general de los jóvenes.

Buen apoyo docente, pero condiciones materiales insuficientes

Los estudiantes mexicanos perciben un apoyo docente elevado:

No obstante, 48% estudia en escuelas donde la falta de materiales educativos obstaculiza la enseñanza y 50% donde las deficiencias de infraestructura afectan la instrucción. Además, el apoyo familiar semanal disminuyó entre 2022 y 2025.

Por lo tanto, el informe no respalda una explicación simplista basada en “malos maestros”. Los docentes son percibidos positivamente, pero trabajan dentro de un sistema con carencias materiales, grupos numerosos, desigual disponibilidad tecnológica y debilitamiento del acompañamiento familiar.

Digitalización e inteligencia artificial

México presenta una adopción rápida de la IA, pero una preparación institucional más débil:

La situación puede resumirse en el uso tecnológico sin una infraestructura y una gobernanza pedagógica equivalentes. Aun así, la resolución computacional de problemas es una fortaleza relativa: México obtiene 453 puntos, todavía por debajo de la OCDE, pero mejor de lo esperado considerando su bajo desempeño en ciencias.

Una paradoja ambiental

Solo 50% alcanza el nivel básico en ciencias ambientales, pero 85% manifiesta interés en contribuir a la protección ambiental mediante su futuro trabajo, por encima del 62% de la OCDE. También son elevados los indicadores de acción y eficacia ambiental colectiva.

Por lo tanto, existe compromiso ambiental pero sin suficiente alfabetización científica. Es una oportunidad clara para vincular la enseñanza de ciencias con problemas mexicanos concretos como agua, energía, contaminación, biodiversidad y cambio climático.

La cautela metodológica más importante

En México participaron 7,843 estudiantes de 297 escuelas. Representan aproximadamente 1.58 millones de jóvenes, pero únicamente alrededor del 69% de toda la población mexicana de 15 años. El resto estaba fuera de la población cubierta por PISA, principalmente por no estar escolarizado en los grados elegibles, por encontrarse rezagado o por haber sido excluido conforme a las reglas del estudio. Los datos mexicanos sí cumplieron las normas técnicas de calidad.

Además, entre 2015 y 2025 aumentó la cobertura de la educación secundaria. Esto incorporó a jóvenes previamente marginados, quienes suelen enfrentar mayores desventajas. Por eso, parte de la caída del promedio puede deberse a una inclusión más amplia y no exclusivamente a un empeoramiento de las escuelas. Sin embargo, esto no elimina el problema; más bien, revela que México ha avanzado más en incorporar estudiantes que en garantizarles aprendizajes suficientes.

Conclusiones

La situación mexicana puede definirse como inclusión creciente, estudiantes con buena disposición y apoyo docente valorado, pero aprendizaje básico insuficiente y casi inexistencia de excelencia académica.

Las prioridades que surgen del informe son bastante claras:

La conclusión más sólida no es que los estudiantes mexicanos carezcan de interés. México tiene una reserva importante de curiosidad, perseverancia y aspiraciones, pero su sistema educativo todavía no consigue transformarla en competencias científicas, matemáticas y lectoras sólidas.

Referencias

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